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Artículo 58

Hipercolesterolemia Familiar

¿ES UNA ENFERMEDAD POR EXCESO DE ADHESIÓN?

Durante el curso del año 1999 recibí en consulta tres pacientes que fueron diagnosticados con el padecimiento de una enfermedad de tipo hereditaria conocida con el nombre de Hipercolesterolemia familiar. Si bien es cierto que eran tres personas diferentes, reunían características peculiares que en algún punto los emparentaba y posiblemente en otros se diferenciaban.

Para poder dar curso a la idea que voy a tratar de explicar les pido que me acompañen en este recorrido en el que voy a relatar las circunstancias que me llevaron a trazar la siguiente hipótesis que pronto describiré.

En este caso me sumergiré en la fisiología médica para explicar que los lípidos en el organismo humano cumplen una función primordial de proteger las paredes de los vasos sanguíneos del desgaste ocasionado por la sangre que circula sin cesar por ellos. Es el hígado el que sintetiza el colesterol que necesita el organismo, y el exceso de este lípido obtenido a partir de los alimentos se dirige hacia la vesícula biliar, la cual lo reconduce hacia los intestinos para su eliminación. Esta pequeña introducción no remite a los datos acerca de que la HIPERCOLESTEROLEMIA FAMILIAR es un porcentaje pequeño que sólo abarca el 5% del total de casos de las Hipercolesterolemias; el 15% corresponde a las Combinadas y el 80% a la variedad denominada poligénica. Volviendo a la hipercolesterolemia familiar se sabe que es de herencia monogénica y el problema es que tiene un déficit en el receptor LDL, que es el que traslada la sustancia y es de nacimiento.

En muchos caso esta enfermedad cursa con una cardiopatía isquémica precoz y se la asocia con diabetes, obesidad e hiperuricemia.

La primera pregunta que me surge es ¿ por qué se engrosan las paredes de las arterias que transportan la sangre que fundamentalmente tiene que ver con la esencia misma de la vida? Y segundo, ¿qué comprensión le daríamos al mecanismo llamado hereditario que la produce?

Haciendo un recorrido por las vidas de los tres pacientes, tenían algunas cuestiones en común: los tres pacientes mantenían un vínculo muy estrecho con su padre, cosa que no me resultaba normal para gente de mediana edad. Pero creo que la palabra clave era la protección, en estos casos dada por el exceso. Si seguimos el orden de la explicación fisiológica de la primera parte de mi exposición, la protección que ejercían los lípidos sobre la pared de los vasos era para proteger del desgaste que se producía en el vaso sanguíneo por el paso de la sangre y este exceso generaba la oclusión del vaso lo que podría inclusive conducirnos al infarto.

Es ahí en donde comencé a asociar la idea de que esta enfermedad, considerada por los especialistas como hereditaria, podría ser un trastorno en el vínculo entre padres e hijos, en el cual el mecanismo de protección adecuado para los primeros años de la vida e inscripto en tales años, pero sobredimensionado por un trastorno en la relación, produciría la oclusión, ya que como en el caso de las arterias, los lazos entre un padre y un hijo son generadores de vida, sin embargo, sobre - estrechados producirían un efecto de oclusión, y como en el caso de las arterias, no dejarían pasar la sangre y la alegría de vivir.

Mi hipótesis es que a través de la relación padre-hijo se podría vehiculizar este mecanismo en el cual está ocluido el paso de la sangre, como un trastorno del corazón de los padres. ¿Será este un trastorno miasmático de la herencia ?

¿Es un problema de la herencia o es un problema que tiene que ver con lo que en la jerga popular se denomina la mala sangre y por lo tanto la falta de fluidez en la relación entre padres e hijos que además se traduce en una falta de alegría?

Para que se entienda de qué estoy hablando voy a contar uno de los casos. Es un paciente que recibí en 1999, masculino, de 52 años, casado y con hijos, que era derivado por un especialista habiendo sido diagnosticado con hipercolesterolemia familiar. Era obeso. El motivo de la consulta fue un anudamiento a lo largo de la columna vertebral que se extendía de la región cervical a la región sacra.

Un nudo y no cualquier nudo. Su historia estaba plagada de nudos en las relaciones vinculares que establecía y fundamentalmente la que tenía con su padre, que a pesar que había fallecido hacía ya unos años, los nudos no habían desaparecido.

Para un médico homeópata unicista, este nudo era el modelo de expresión miasmática que el paciente repetía en todas sus relaciones vinculares. Lo interesante de este caso es que al mes de tratamiento, el paciente tuvo la posibilidad de desanudar su columna y al mismo tiempo ir desanudando todas sus relaciones vinculares. La mayor alegría fue que al quinto mes de tratamiento trajo su examen de laboratorio en donde orgullosamente mostraba por primera vez en años, que el colesterol estaba normal.

Me queda como enseñanza en estos casos de trastornos vinculares entre padres e hijos, que disminuir la adhesión implica recuperar la alegría.

Muchas gracias y hasta el próximo número.

Dr. Sergio Rozenholc

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