Hace unos años me encontraba en Europa tomando un seminario con un profesor al que admiraba profundamente y mientras transcurría la clase se le acercó por detrás a un asistente, quien padecía de movimientos involuntarios con ciertos tics, con sonidos vocales de tipo incontrolables. Este síndrome al que se  conoce como el de Gilles de la Tourette es una enfermedad de tipo neurológico que aparece en los niños a partir de los 7 años. Evidentemente, esta persona acaparaba la atención de los demás asistentes, cuando repentinamente el profesor en silencio  se le acerca y le dice “ me imagino que fueron muy angustiantes  todos los esfuerzos que hiciste para poder salir de esa circular de cordón que tenías alrededor del  cuello y que ponía en juego tu vida”.
Este seminario intensivo duró 7 días y a partir de su quinta jornada tuve  una grata sorpresa al observar que  a aquel joven asistente, prácticamente le habían desaparecido los movimientos involuntarios, tics y chillidos y su mejoría era tan espectacular que me permitió reflexionar acerca de cómo deben abordarse ciertos enfermos que padecen sufrimientos signados  por situaciones que se conocen como de atolladero o sin salida y que la comunidad científica los califica como de etiología orgánica.
En este caso el código de apertura lo produjo la comprensión profunda de la dificultad y la resignificación de la misma, en un abordaje humano y para humanos.

Esta es la consigna con que el periódico El Homeopático nació en octubre del 2001, realizando una extensiva divulgación de un modelo médico que fundamentalmente se ocupe del ser humano en su totalidad, utilizando una medicina no invasiva.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc