El 1  de marzo de 1891, el Dr. E. Martínez del Castillo funda el primer órgano de difusión de la Medicina Homeopática en Argentina, con el nombre “El Médico Homeópata”. Desde allí, se presenta en sociedad como misionero de la paz y declara su  objetivo de propagar la experiencia y las verdades de la Escuela de Hahnemann.
Me preguntaba acerca de las coincidencias diacrónicas al ver que 190 años más tarde, en 2001, nace una historia similar, con un periódico denominado “EL HOMEOPÁTICO”, fundado por el que suscribe, y que comparte los mismos objetivos. Más aún, el nombre de este, “EL HOMEOPÁTICO”, proviene de la cultura popular, es la manera en que los pacientes nombran al médico homeópata
Quiero confesar que hasta hace unos días desconocía la historia del primer periódico. Aprovecho entonces para agradecer especialmente al Dr. Matías Lainz que me facilitó la copia del antiguo ejemplar.
Volviendo al tema  de las coincidencias, se nos impone una pausa para revisar qué intereses  hemos compartido con el colega que me antecedió en este quehacer y a tantos años de distancia, que guiaron a que nombráramos las revistas de difusión de manera similar y similares fuesen asimismo, nuestra pasión por la Medicina Homeopática y la escritura.
Cuando hablo de escritura me viene el recuerdo del trabajo en donde Foucault decía que “el problema de la escritura, no es tanto la expresión de un sujeto, como la apertura de un espacio en el cual el sujeto que escribe no termina de desaparecer, ya que la marca del autor está sólo en la singularidad de su ausencia. Es al autor al que le corresponde el papel del muerto en el juego de la escritura.” Giorgio Agamben nos aporta la idea de que “el autor no está muerto, pero ponerse como autor significa ocupar el puesto de un muerto. Existe un sujeto autor y sin embargo él se afirma sólo a través de las huellas de su ausencia”
En todo escrito hay un juego de  presencia ausencia, y es muy factible que el autor esté presente en el texto sólo en un gesto, esto hace posible la instauración del vacío. ¿Hay un lugar en donde el lenguaje del autor atestigua su propia irreductible presencia?
Posiblemente ambos autores de sendos periódicos hemos trabajado con el mismo principio “homeopático” en donde la memoria de la sustancia que también apela al vacío, siempre ineludiblemente retorna por el mecanismo de presencia ausencia para producir un efecto en lo real de la curación de un enfermo, y la escritura lo hace a la manera de un gesto.
La similitud de ambos nombres me hizo pensar si lo mío no sería una profanación, pero como un flash me surgió la idea de que profanar significa devolver al uso común aquello que proviene de la esfera de lo sagrado y recordé que en la antigüedad  la escritura y  la homeopatía compartían ese origen común.

Es a favor de la verdad que los dos periódicos de divulgación nombren al médico homeópata y en la escritura, trasciendan el espacio de los tiempos y el lugar que les corresponda.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc