TRABAJO DE UN PICAFLOR

Una vez, en un hermoso bosque se produjo un
terrible incendio.
Al cabo de unas horas todo parecía perderse.
Ya no quedaba donde los animales pudieran resguardarse
del horror.  El final era inminente.
De repente, y como desencajado del cuadro, un pequeño
picaflor volaba hacia el río y recogía la poca agua que su
diminuto pico le permitía y, regresando hasta las llamas,
intentaba sofocar el incendio.
En uno de esos recorridos, un elefante que, paralizado
por el miedo no hacía otra cosa que contemplar a su pequeño
compañero en su ininterrumpida labor, expresó:
- ¡Oye!  ¿Acaso te crees omnipotente o no te has dado
cuenta de que nada se puede hacer?  ¡No lo lograrás jamás! –
Sólo un instante le tomó al picaflor responderle:
-  No te confundas elefante.
No creas que pienso remediar este desastre yo solo.
No soy tan ingenuo.
Pero sí estoy seguro de que
estoy haciendo la parte que me toca.

                                                                                                      Anónimo

 

Vemos en este hermoso cuento que encierra una enorme sabiduría, el reflejo del quehacer del médico homeópata. Nuestra labor se realiza con el más profundo  respeto por el sufrimiento humano y alentamos la esperanza de que en el acto médico podamos ayudar a devolver la salud a un paciente, de manera suave, incruenta y permanente, con la convicción de que estamos realizando una labor fundada en el conocimiento, el amor, la autoridad y la fe, de la misma manera que el picaflor del cuento:  haciendo lo que nos toca.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc