Me gustaría ir recorriendo el camino de los chamanes en este momento del mundo, en donde la medicina se aferra más a lo científico buscando un lugar donde sostenerse, ya que este status parece ser sinónimo de verdad. Sin embargo, verdad y realidad, además de no ser lo mismo, no pueden explicar los mecanismos mágicos por los cuales se pasa de la salud a la enfermedad y viceversa.
Para Michel Foucault, uno de los más importantes filósofos del siglo XX, “la medicina es un conocimiento incierto.” “Es la ciencia del hombre, que se ocupa de un objeto demasiado complicado, abarca una multitud de hechos demasiado variados, opera sobre elementos sutiles y demasiado numerosos…..” y termina diciendo que “nunca muestra la evidencia y la certeza que caracterizan a las ciencias físicas y matemáticas”
Durante muchos años los chamanes en los pueblos primitivos ocuparon un lugar de privilegio en la medicina, dado que se dedicaron a cuidar la salud de sus tribus.
Hay muchos autores que nos describen cómo fue la vida y la salud de estos pueblos, pero me gustaría citar a uno en especial, que me parece  muy interesante por su experiencia y sus vivencias: Alejandro Jodorowsky. Este autor se dedicó a estudiar a los chamanes y vivir con ellos para aprender de sus enseñanzas y sabidurías. Escribe Jodorowsky en su libro Psicomagia: “nacer en una familia es por decirlo así, estar poseído. Esta posesión suele ser trasmitida de generación en generación: el embrujado se convierte en embrujador, proyectando sobre sus hijos lo que fue proyectado sobre él”. El tema de la transmisión de las enfermedades sigue siendo un enigma y la herencia la diosa que lo porta, pero debemos ubicar la transmisión como lo hizo la homeopatía con el concepto de“ herencia miasmática”.
Hahnemann les pedía a sus discípulos, muy especialmente, que una vez que hubieran trazado el cuadro de la enfermedad de su paciente,  ellos mismos realizaran la preparación  del medicamento elegido. ¿Por qué sugería esto el maestro?
Si pensamos en la forma de preparar  los medicamentos tal como la realizaba el Dr. Hahnemann para curar a sus pacientes, modificando las perturbaciones  que producía la herencia,  y vemos que  no se comprendía en ese entonces,  cómo usaba para sus preparaciones médicas, sustancias que al diluirlas y potenciarlas volvían a la nada y de la nada retornaban con una fuerza muy especial, que por semejanza con la enfermedad del sufriente producían una transformación que lo llevaba en el camino de la curación, me pregunto. . . ¿No habrá sido este un método aprendido de los chamanes? ¿Habrá sido este el mensaje que nos quiso transmitir?

Es muy posible que la nada de la que hablamos sea una fuerza todavía difícil de ubicar epistemológicamente  a pesar de los avances que se observan hoy día en física cuántica y otras disciplinas, y por lo tanto no le podamos constatar el status científico requerido por la ciencia.  Sin embargo, creo que la realidad no es científica y mucho menos la realidad de una persona, porque todavía quedan por descifrar muchos de los aspectos mágicos que portan los seres humanos.

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc