Hace algunos años me puse a reflexionar por qué a los médicos homeópatas unicistas, en el mundo homeopático, se los llamaba ortodoxos.
            La palabra "ortodoxo" a mí me llamó mucho la atención porque sentí que nada tenía que ver la ortodoxia con mi práctica clínica.  Pues entonces recurrí a consultar el diccionario etimológico de Corominas y para mi sorpresa aparecieron dos palabras que son "creencias" y "opinión".
            Siempre pensé que las creencias en los profesionales médicos, si son rígidas, producen limitaciones para la práctica clínica, ya que forman estados de conciencia y muchas de ellas distorsionan la realidad. 
            Posiblemente, el término ortodoxo fue acuñado en los tiempos en que al mundo sólo se lo veía tridimensionalmente, pero a esta altura de los acontecimientos, y a la luz de los nuevos paradigmas en Ciencia, reconocemos un mundo, ya no de tres, sino de cinco dimensiones, donde nuestros pacientes y nosotros estamos insertados y en el que debemos despojarnos y desmitificar nuestras creencias y modelos para aventurarnos a escribir y participar activamente de un nuevo capítulo en la historia de la Medicina Homeopática.
            Invito a mis colegas a producir una apertura, a trabajar con libertad y responsabilidad, a conectarse con nuestros pacientes desde lo más profundo de nuestro corazón y despertar la creatividad dormida.  Debemos seguir el camino iniciado por el doctor F. C. S. Hahnemann quien circulaba con estos criterios, con mucha humildad, legando a la humanidad un modelo que estaba centrado en la unicidad del ser humano y que abriría la puerta del concepto de lo que se dio en llamar la quintaesencia, que tenía inscripto a su vez, lo infinitesimal.

           
Es entonces a partir de lo infinitesimal en donde recuperamos el criterio de unicidad y logramos la posibilidad de latir en sintonía con el universo.            
           

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc