Fibromialgia, otra mirada

 

Cuando hablamos de esta enfermedad nos referimos a un grupo de síntomas y trastornos músculo- esqueléticos que se caracteriza fundamentalmente por cansancio, dolor persistente, rigidez de intensidad variable de músculos, tendones y tejido blando circundante y un amplio rango de otros síntomas psicológicos, como dificultades para dormir, rigidez matutina, dolores de cabeza y problemas con el pensamiento y la memoria, algunas veces llamados «lagunas mentales», que suelen impedir el funcionamiento rutinario del sujeto.
                           
La frecuencia que presenta esta patología en la consulta médica en el momento actual me hizo reflexionar y escribir sobre el tema, tomando aportes de otras disciplinas como la psicobiología. Muchas veces en mis artículos mostré que cuando se produce una enfermedad crónica, antes hubo en el paciente una situación inesperada y sin salida a la que no pudo dar respuesta verbal. Podría ser una falla en la constitución de un símbolo en la psique del sujeto y a la manera de un  rayo que impacta directamente en el  cuerpo, este obra como un operador, pero no cualquier operador, ya que es el que constituye el verdadero sentido biológico de la enfermedad.
Para entender la fibromialgia y lo que es el sentido biológico que viene a significar, los invito a que me acompañen en el recorrido de esta historia que me contó un profesor al que admiro y aprecio mucho desde hace ya unos años.
 La manada de ovejas busca su sustento para sobrevivir de manera conjunta, nunca lo hacen solas, ya que su grupo representa la estructura de vida para la oveja. Es bien interesante ver que para este animal, el modelo de supervivencia de la manada está casi inscripto genéticamente, como para  los humanos la familia. Esto pertenece al acervo de supervivencia de una especie. Ustedes se preguntarán por qué esta comparación. Comienzo por explicar que la oveja siempre agacha su cabeza para pastar  y sucede que en esta actitud, muchas veces se pierde del resto de sus pares. Cuando percibe que sus pares ya no están, aparece repentinamente el sentido profundamente biológico de la naturaleza que pone en marcha un programa que podríamos llamar genético, que le impide seguir avanzando por la simple cuestión de que pudiera caer en las manos de  un depredador, con el peligro que esto ocasiona. Allí es cuando comienza a cansarse y no puede avanzar más y no tiene otra alternativa que inmovilizarse o detenerse en el mismo lugar. Es entonces donde comienza a desactivarse su energía y esto aparece como chance de supervivencia. Esta posibilidad de supervivencia que es la inmovilización, le permite, al no alejarse del lugar donde comenzó a pastar, recuperar a la manada produciendo un movimiento lento en zigzag.
Esta hermosa historia que describo a la manera de una metáfora, pone de manifiesto cómo las ovejas y los humanos  somos muy parecidos porque evidentemente tenemos inscripto en el cerebro, un código arcaico muy similar.
 Este conflicto para la oveja es una pérdida de dirección. La manada para la oveja, representa su estructura de vida y por lo tanto de supervivencia.
A las personas cuando se nos produce una situación sin salida y perdemos la dirección de nuestro deseo profundo se nos desactiva el verdadero sentido de nuestra existencia y nuestro reloj biológico desactiva nuestra producción  de energía para no seguir avanzando en ese descontrol. Esto se debe  a que muchas personas solo tienen identidad a partir de sus grupos de pertenencia    (familia, religión, amigos, grupos espirituales, etc).
A estos pacientes se les produce una exclusión importante en la primera infancia, que proviene del lado de la madre o a nivel comunicación entre ambos padres, y que se reactiva por una situación que la paciente vuelve a reeditar de mayor, en otro momento posterior de su vida.
Así aparecen los siguientes conflictos activos simultáneos:

  1. Conflicto de Impotencia (moverme es peligroso)
  2. Conflicto de Desvalorización
  3. Conflicto de Dirección
  4. Conflicto de Desplazamiento
  5. Conflicto Dolor Moral

 

Estos cinco elementos que se presentan en esta patología se expresan simultáneamente, pero  a los fines didácticos los explicaré por separado.
El primer conflicto es el de impotencia, ya que el individuo, inconcientemente, percibe que moverse es peligroso porque podría perder la vida.
El segundo conflicto es el de desvalorización, en donde tiene la sensación de no valer nada, que no sirve para nada. A esto lo acompaña un sentimiento de soledad que potencia esta situación.
El tercer conflicto es el de dirección y se manifiesta cuando pierde a su grupo de pertenencia, se desubica espacialmente por su impotencia ante la naturaleza que le es hostil.
El cuarto conflicto es de desplazamiento. Puede suceder que camine la vida de manera oblicua como si estuviera bajando en zigzag la escalera, debido a una pérdida de rumbo.
El quinto conflicto es el de dolor moral. Posiblemente sea por la exclusión sufrida por la falta de comunicación entre padre y madre o el abandono de alguno de ellos.
 Daré un ejemplo de una breve reseña de un cuadro clínico de una paciente que atendí a principios del año 2012. María es actriz, de 45 años de edad. En el momento de la consulta estaba sin trabajo y con mucho enojo con sus padres. Presentaba el cuadro típico de fibromialgia con astenia, adinamia, fotofobia y dolores de cabeza, y refería  como si la vida le hubiera secuestrado su energía. Llevaba el cuadro, dos años de evolución. La paciente era calurosa, tomaba mucho líquido y ponía mucha sal a las comidas. El rencor era una variable que estaba presente en todo su ser.
Decidí trabajar con ella el perdón, teniendo en cuenta que esta palabra proviene del francés (père) que significa padre. Es como si tuviera que dejar entrar a su vida ese don del padre (per-dón), ese don de “Dios” que significa fundamentalmente perdonarse. Y transmutar de esa manera, a través del perdón, ese odio que sentía por el abandono sufrido en la primera infancia por su madre. Trabajamos estas cosas y  le indiqué un remedio homeopático que se llama Natrum Muriaticum.
Durante los primeros meses de tratamiento la paciente logró  expresar el profundo dolor por el cual tuvo que atravesar, ya que de pequeña su crianza había quedado en manos de su abuela y no podía perdonar a la madre por este abandono, así como cuál había sido el hecho actual que le despertó los primeros síntomas de la enfermedad.
El trabajo interdisciplinario le permitió restablecer la relación con sus padres y consiguió un trabajo al que ella describía como un sueño.
Nadie puede crecer sin desandar estos viejos dolores que acuñó durante muchos años y el deber médico es reconocer esta problemática y acompañar al paciente en este trabajo.

Es importante que los médicos homeópatas reconozcan esta problemática muy frecuente en la clínica actual para poder prestar una buena colaboración en este tipo de padecer.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc