Artrosis: ¿la desarticula un movimiento?

La artrosis es una enfermedad producida por el desgaste del cartílago, un tejido que hace de amortiguador protegiendo a los huesos y  que favorece el movimiento de la articulación. Se la conoce como la más frecuente de las enfermedades reumáticas y se da en personas de edad avanzada.
En las mujeres,  se ve con más frecuencia en rodillas y manos (interfalángicas);  en el caso de los hombres,  se da preferentemente  en la cadera.
Si bien es cierto que se desconoce su origen,  lo que ocurre es que se rompe y se desgasta la superficie del cartílago. Esto provoca fricción, hinchazón y dolor con la consecuente pérdida del movimiento articular por el roce de ambos huesos e inclusive puede generar espolones en la articulación.
La artrosis puede afectar en realidad cualquier articulación del cuerpo, es de comienzo lento y el dolor tenue al principio, casi pasa inadvertido hasta instaurarse definitivamente.
La artrosis en los dedos de las manos es destacada por algunos autores como del orden de lo hereditario, por afectar a ciertas familias. Se presenta más en mujeres que en hombres,  especialmente luego de la menopausia. Pueden aparecer nódulos en los huesos de las articulaciones de los dedos: nódulos de Heberden, en las articulaciones interfalángicas distales de las manos o nódulos de Bouchard si están en la parte proximal. Los dedos se pueden hinchar, ponerse rígidos y torcerse. Los dedos pulgares de las manos también pueden verse afectados (Rizartrosis del pulgar).
Para que se entienda mejor, relataré una historia de una paciente del sexo femenino que acude a la consulta hace 15 años, derivada por su médico clínico. Rosario, de 60 años, casada, con tres hijos mayores. Se presenta en la consulta con el diagnóstico de artrosis en las manos, con dolores recurrentes que solo mejoran con medicación alopática, y no siempre. Llega con antecedentes de haber realizado tratamiento reumatológico, sin el resultado esperado.
Cuando le pido que me cuente un poco más de su vida, se describía como una mujer inquieta, ansiosa. Esta ansiedad se agravaba  sobre todo al atardecer. Cuando le pregunto en qué otros momentos o situaciones sentía la ansiedad,  describe que principalmente, estando en casa. Además, refiere que mejoraba y, a veces,  desparecía totalmente cuando salía al aire libre. Hablaba de su incertidumbre por el futuro de ella y de sus hijos ya mayorcitos, que ya  ninguno vivía con ella.
Me decía que era muy irritable, ansiosa de noche y muy desconfiada y con mucho miedo a la muerte. Cuando le pido que me hable de sus dolores,  me explica  que son como reuma  y se agravan cuando comienza a moverse. “Si estoy sin hacer nada, como por ejemplo en la cama en reposo, mejoran;  pero a medida que prosigo con el movimiento sobretodo de las manos, aumenta. El frío me hace mal,  inclusive si voy a la costa y entro al mar y está frío, los dolores se agudizan inmediatamente. Pero también es cierto -decía Rosario- que los dolores mejoran por el calor y sobre todo, cuando me voy a dormir y siento el calor de la cama.”
Rosario no tenía antecedentes quirúrgicos ni de enfermedades graves, solamente las típicas de la infancia.
Se la veía durante la consulta como una mujer muy refinada, trabajadora, dulce, muy activa y muy sensible,  atenta durante toda la entrevista, y hubo algo que varias veces repitió a lo largo del extenso encuentro:   la palabra esfuerzo.
Entre los deseos alimenticios se destacaba solo que le gustaba mucho tomar leche, los dulces y una aversión marcada a las bebidas alcohólicas.
Para realizar el diagnóstico, desde hace muchos años trato de ver si el paciente tiene sensibilidad vegetal, estructura mineral o conducta animal.
En este caso era muy sencillo, ya que era una mujer que  su delicada sensibilidad orientaba a buscar el remedio en el reino vegetal,  por lo que le indiqué Vitis Canadensis a la 30 centesimal y la mejoría fue notable en poco tiempo.
En la Medicina Homeopática hay palabras que pronuncian los pacientes que son verdaderas expresiones del lenguaje de la patogenesia, o sea de la experimentación de las sustancias, lo que bien indicadas hablan de similitud del remedio con la enfermedad que él presenta.
Cada día estoy más convencido de que lo que hacemos los médicos homeópatas en nuestra labor cotidiana con nuestros pacientes es simplemente hacer entrar lo excluido en la vida de la persona.  En el caso de  Rosario, lo primero que mejoró era la ansiedad que la acompañaba desde su más tierna infancia y luego la enfermedad física que dio motivo a la consulta. En su vida cotidiana logró conectarse con actividades de tipo manual, postergadas desde sus 20 años, lo que le permitió desarticular su esfuerzo.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc