El teatro, los pactos y la Homeopatía

 

Desde que comencé mis estudios en la Escuela Médica Homeopática Argentina  Tomás Pablo Paschero,  recuerdo que mis maestros hacían hincapié en que la relación que establecemos con nuestros pacientes era única e irrepetible, y que en esa hora de consulta debíamos entender cuáles eran los síntomas que esclavizaban y torturaban la vida de un paciente. En muchas ocasiones no eran estos precisamente los que detonaban el motivo de la consulta, sin embargo detrás de ese sufrimiento había una historia horrenda y en algunos casos hasta salvaje y criminal, tanto a nivel de lo real o como en otros casos a nivel de lo imaginario.
Para ponernos en tema me gustaría mencionar a uno de los primeros pacientes que acudió a mi consulta por ayuda. Este joven se llamaba Ricardo, tenía 35 años y era oriundo de Neuquén.
Lo trajeron una mañana, literalmente doblado, con un cuadro agudo. Tenía un fuerte dolor tipo cólico en la región del hipocondrio derecho que pareció aliviarse cuando se recostó sobre la camilla.   Era empleado de la verdulería de la vuelta de mi consultorio y esto era  lo único que sabía de esta persona. Decido darle un remedio que cubría el caso: chelidonium y para mi  grata sorpresa, en unos pocos minutos el dolor había calmado. Le sugerí que siguiera tomando dos glóbulos de chelidonium doscientos durante 30 días.
Cuarenta y cinco días más tarde reaparece en el consultorio con blenorragia, enfermedad que ya había padecido hacía muchos años y que fue tratada con antibióticos en esa oportunidad.
Le volví a dar chelidonium doscientos, cinco glóbulos diariamente durante 30 días. Cuatro meses después me enteré que el cuadro por el cual me consultó  había mejorado en quince días y que hubo un cambio significativo en su vida ya que decidió dejar de trabajar como empleado. Se había planteado volver a su casa de Neuquén, lugar que nunca supo por qué había dejado, en el cual vivían sus hijos, y del cual huyó cuando se separó de su esposa.
Me enteré tiempo más tarde que estableció un comercio y había recuperado la relación con sus hijos, que oportunamente había abandonado.
Este relato me parece muy interesante ya que de este paciente solo tengo estos datos los cuales eran, en su momento, muy escasos para poder tener una historia biopatográfica exitosa, pero el hecho de que  haya podido poner la atención en el síntoma llave en donde observaba que su dolor mejoraba cuando se acostaba en la camilla, me permitió hoy pensar en otras cuestiones.
Comencé  a preguntarme qué pactos se establecen entre el síntoma y nosotros y de qué manera una medicación homeopática puede modificar estas estructuras esclavizantes y torturantes, por momentos inconcientes en la vida de un individuo.
El recuerdo de este caso, donde el discurso del paciente faltó a escena, me hizo pensar en la analogía que existe entre el Teatro y la Homeopatía.  Para seguir en esta línea le voy a pedir ayuda a uno de los más prestigiosos directores de teatro, Luis Agustoni.
Hace ya un  tiempo,  escuché  hablar a Luis Agustoni sobre los pactos en el teatro. Él decía, “ensayo  es diferente a escena”, entonces decidí trazar un paralelismo entre la escena en el teatro y la entrevista homeopática, a pesar de que este trabajo pretende ser un ensayo.
Agustoni dice que la escena es un lugar y un momento donde se produce la representación en la cual el trabajo sucede. La escena implica un público y un actor, quienes establecen un pacto de entrega a la ficción, en donde el público debe permanecer silencioso. Este pacto es el de suspensión del sentido de realidad y la creación conjunta (público y actor) de una ficción e ideales que no existen en la realidad.
En la escena teatral se produce un pacto que suspende el sentido de realidad respecto de la identidad de las personas y se acepta que éstas sean otras. En este punto es donde se confunde la identidad de las personas y también de las palabras atribuidas al personaje. Se acepta que la acción no sucede, aún así se la toma como existente y se debe creer lo que se está viendo. El actor sabe que lo que le pasa no es real. El espectador sabe y acepta que el actor piensa, aunque percibe que los diálogos o las palabras son el resultado de lo que el poeta o el autor escribió. Al actor se le exige que piense, que diga, que haga.
Como moneda de cambio, el espectador se tiene que creer esto que decía antes, a cambio de la verosimilitud del personaje: sin el espectador que diga creer, no hay teatro. “Eso que se escucha es el sentido - decía Agustoni – y modifica más que las palabras reales”. La ficción pasa a ser realidad y ésta pasa a ser diluida. Hay una historia oculta detrás de cada historia, que es salvaje y criminal. Hay un secreto que debe ser revelado. 
Comparemos las leyes del teatro que se ponen en funcionamiento detrás de cada escena, con el acontecer de la entrevista médica homeopática:
1 - La historia en el teatro es determinada; en el consultorio la historia del paciente y del médico existe y está determinada.
La enfermedad del paciente suspende el sentido de su realidad y por lo tanto de su identidad y aparece un estado de ficción comandando su historia, su sufrimiento. El paciente crea esta ficción que siente como verosímil. Su identidad parece arrastrada por una historia oculta, muchas veces abrazando pactos salvajes y criminales.
2 - El espacio en la obra teatral lo ocupa el  teatro, o sea que está determinado; en el consultorio la historia del paciente transcurre en el espacio de consulta.
3 - El tiempo en el teatro es un día y una hora prefijada (locura organizada, dice Agustoni); en la historia de la entrevista homeopática también, aunque el tratamiento pueda ser extenso, pero tiene un tiempo donde se fija la entrevista.
4 - Hay un programa en el teatro donde figura el nombre de la obra y quién es quién; en el consultorio también figura quién es el médico, sus antecedentes, dónde trabaja y quién es el paciente.
5 - Hay un ceremonial durante la ficción donde debe haber un silencio atento, el actor es escuchado aunque puede haber risas; en la entrevista homeopática una de las reglas fundamentales es dejar hablar al paciente, no interrumpirlo, este silencio es un silencio atento por parte del médico.
6 - En el teatro el cuerpo del actor debe ser inviolable, también en el consultorio médico el cuerpo del paciente lo es.
7 - El espacio de la actuación es inviolable porque el espectador no sube al escenario, así como en la consulta médica los espacios son inviolables.
8 - El actor maneja los tiempos y las reglas dentro del escenario, mientras que el médico y su paciente las manejan dentro del consultorio. Hay que dejar claro que el paciente nos pone en el lugar del supuesto saber, pero en verdad el saber lo tiene el paciente en sus relatos, lo único que tenemos los médicos es una técnica para descubrirlo.
9 - Hay un pacto de cierre. Todos juntos deben volver a la realidad por intermedio de la ceremonia del saludo, la cual permite al actor abandonar su personaje y presentarse. El actor expresa, a través de la ceremonia del saludo, reconocer que las cosas vuelven a ser como eran y no lo que se supuso que eran, lo que le permite salir de la ficción.  El actor necesita del aplauso del público para salir de esa ficción y además luego de la función necesita ir a cenar para despegarse del personaje, mientras que el paciente necesita de la mano del médico para volver a su realidad (sensaciones, ilusiones), y para salir definitivamente de la ficción que produce la enfermedad y por lo tanto acceder a  saber quién es y su función en el mundo, su verdadera identidad.
Agustoni también decía: “Detrás de cada obra hay una historia oculta que es salvaje y criminal”, así comparamos la esclavitud que produce un síntoma sobre nuestros pacientes que los atormenta en forma salvaje y hasta algunas veces criminal.
Muchas veces hay obras de teatro que modifican la vida de las personas con mucha mayor eficacia que las palabras reales del mundo real y transforman algo de la emocionalidad  y la conducta del sujeto.  En la entrevista médica homeopática sucede algo similar, a partir de la administración del medicamento que la Homeopatía llama simillimun.

Creí interesante esta comparación entre estos elementos en los que se establecen determinados pactos, pero los pactos también se instauran entre paciente y síntoma o paciente y médico, y otras tantas cuestiones que desarrollaré más adelante.

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc