NEUROPATÍA ALCOHÓLICA:

Un caso de reunión

 

En ocasión de dictar un curso de Medicina Homeopática en la Escuela Samuel Hahnemann de Sevilla, perteneciente el Colegio Médico de esa ciudad, Patricio, de 67 años, me fue derivado para su atención, por uno de los más brillantes especialistas en adicciones, el Licenciado Andrés Joison, quien reside en España desde hace algunos años.
El paciente era alcohólico desde el año1966 y había tenido algunas mejorías intermitentes producidas por realizar tratamientos, que reiteradamente interrumpía, en Alcohólicos Anónimos. A partir del 2007 decide hacer un tratamiento psicológico con el Licenciado Joison, con muy buenos resultados en el primer año. Es así como en enero de 2008 me pide una consulta y llega a la misma con un diagnóstico de Neuropatía Alcohólica, emitido por su neurólogo.
Esta enfermedad generó, como consecuencia de su elevada ingestión de bebidas alcohólicas de tantos años, una serie de síntomas físicos que se tradujo en un entumecimiento de los miembros inferiores, con adormecimiento e imposibilidad de traslado por estar afectadas ambas piernas y que manifestaba una franca impotencia funcional, lo que le impedía el caminar normalmente, a pesar de que lo podía realizar con pasos cortitos y sin mucha estabilidad. En otro orden, a nivel cervical presentaba una posible protrusión vertebral lo que le daba un cuadro de lipotimias y además a nivel de su brazo derecho, tenía un síndrome del túnel carpiano. Presentaba asimismo, el colesterol y la glucemia elevados.
El paciente llegó a la consulta hipermedicado por sus médicos alópatas, pero como es mi costumbre decidí que siguiera con toda su medicación ya que siempre sostengo como norma, que sea el colega el que retire las dosis, paulatinamente durante el tratamiento, observando la mejoría del paciente.
Patricio no contaba con antecedentes quirúrgicos. A nivel clínico, un vértigo que lo acompañaba desde su más tierna infancia. Durante la consulta se presentó como una persona calurosa, tímida, de buen trato y con buena disposición a colaborar a pesar de recordar pocas cosas de su pasado. Un tema trascendente que deja deslizar durante el primer encuentro, el que me despierta cierta intriga, es cuando dice “yo he tenido poco cariño de mis padres” ya que éramos doce hermanos y mis padres, ambos, trabajaban para mantenernos. Una vez que identifiqué que este podría ser el núcleo de sufrimiento,  le pedí que se metiera más en este tema y es ahí donde luego de un largo relato aparece dicho núcleo, que era el abandono que sentía por parte de los padres.
Si bien es cierto que para la Homeopatía este era el núcleo del sufrimiento, me venía a la memoria algo que sucedió mientras tomaba un curso con el Dr Hamer, el relato de un compañero mío, un médico de origen suizo, que relataba la siguiente historia. Contaba este médico que el alcohol es el único elemento que permite la reunión del agua y el fuego (sabemos que el alcohol está formado por un alcano un OH y el OL de los alcoholes). Pensemos desde lo simbólico: el agua remite a la madre y el fuego representa al padre, por lo que postulaba que el paciente alcohólico, lo único que quería era reunir imaginariamente a estas dos personas tan importantes para su vida, que son mamá y papá. Por otra parte, el hígado es el órgano de la carencia y es el primero que se hipertrofia por el exceso de alcohol.
¡Qué maravilla de la vida que permita al alcohol reunir algo que en la naturaleza no se pueden juntar, como son el agua y el fuego! Es muy factible que el alcohólico sea un gran carente afectivo durante su infancia y eso perdure con el tiempo, por eso el afán de dicha reunión imaginaria.
Seguramente esta observación se cumplía sin excepción en el caso de Patricio, hijo de un padre y madre que no pudieron brindarle oportunamente ese afecto, por ser una familia tan numerosa. Las necesidades por las que pasaban propiciaban un campo fértil para semejante labilidad emocional y buscar en el alcohol ese lugar imaginario de reunión.
A Patricio, a medida que comenzó el tratamiento homeopático, se lo vio con mucho entusiasmo y aceptando todas las indicaciones, se lo notó muy colaborador.
En la primera prescripción recibió un remedio que se llama Pulsatilla, el que rápidamente produjo una mejoría emocional que no era acompañada por los síntomas físicos.
Cuando lo vi por segunda vez, a partir de esta observación decidí volver a la toma de los síntomas y logré prescribir un medicamento que se llama Silicea, que resultó ser el que permitió que tuviera una muy buena evolución en los tres meses restantes y, en seis meses, recuperara la movilidad de las piernas y pies. El vértigo desapareció, cosa que fue realmente transformadora en su vida y junto a estos cambios se le sumaron que recuperó la buena relación con su esposa, que estaba bastante deteriorada, y también  con sus hijos.
El tema de los hijos es algo importante ya que les permite no repetir su propia historia.
Tener claro este criterio clínico permite desde la Medicina Homeopática hacer un mejor diagnóstico y sobre todo, mejorar el pronóstico del tratamiento con el paciente, en especial con enfermedades como la Neuropatía Alcohólica, que en la mayoría de los casos deja secuelas importantes.
La última vez que lo vi al paciente, para fin de mayo de 2009, tenía en sus análisis clínicos una franca disminución del colesterol y la glucemia, el resto del laboratorio acompañaba con su normalidad la mejoría de todo su estado general, con recuperación de toda su movilidad y con silencio de todos los signos clínicos que originaron la consulta.
Quiero destacar el tratamiento de lo interdisciplinario que es, para mi saber y entender, un abordaje de varias dimensiones y una contención del paciente que tiene varios andamiajes, aunque algunos no estén visibles a los ojos, como el que acabo de describir: el punto de reunión imaginario que es el que nos permite desde esta mirada conjunta, transformar el imaginario del paciente.

Hasta la próxima.

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc