Vitiligo, una experiencia de abandono

 

Me gustaría comenzar comentando que me voy a meter hoy con un problema de piel y si hay personas sensibles para esta cuestión no les aconsejo que me acompañen en la lectura de este artículo. Es muy común escuchar que la piel es la envoltura corporal constituida por la epidermis como capa superficial y la dermis como la capa más profunda, pero en el tema de hoy, el vitiligo, se ve afectada la capa más superficial, lo cual produce al paciente una decoloración de manchas blancas indoloras afectando estéticamente la imagen del paciente.
Hoy sabemos que la piel muchas veces representa la imagen de sí misma que tiene una persona. En el caso de una piel suave, se observa también un carácter suave en la personalidad de quien la porta, lo mismo pasaría con una piel seca.
En el caso del vitiligo son generalmente personas que viven con dificultad una separación, una pérdida de contacto o una pérdida de comunicación; sienten como un rechazo o una ruptura definitiva. Es el tipo de personas que quiere salvar a los demás, sobre todo a los del sexo opuesto. Es muy posible que la parte más afectada del cuerpo es aquella que vive la situación con más intensidad.
Me tocó atender una paciente de 10 años que vive en España, derivada por su psicólogo y su médico dermatólogo con diagnostico de vitiligo desde hace un año.
A María, a partir de julio de 2002 le aparecieron manchas en el pie izquierdo que fueron ascendiendo y luego pasaron al pie derecho, luego se extendieron al abdomen inferior, axila y las manos, por último.
Se trataba de una niña impulsiva suave, desordenada según los dichos de su madre y que cuando se ponía triste el consuelo la mejoraba mucho. Dentro de otros tipos de síntomas registraba una transpiración acuosa en la frente.
Como médico homeópata me resultaba interesante la historia pero sentí la necesidad de perseguir mi intuición buscando cuál era el hecho traumático que había desencadenado esta enfermedad, y por fin lo conseguí cuando me relató lo mal que se había sentido cuando su hermano partió enrolándose en el ejército español y fue allí cuando María sintió la incertidumbre de no saber si lo volvería a ver.
Una vez que pude llevarla a ese momento ella lloró recordándolo y no pudo hablar más del tema. La dejé medicada con una dosis de Pulsatilla ya que cubría la totalidad del cuadro homeopático y luego la volví a ver a mi regreso a España, 5 meses más tarde, con la grata revelación de la restitución total de su piel y un cambio de conducta en ella que era maravilloso. Cuando le hablé de su hermano me contó que tiene comunicaciones semanales con él y se siente muy bien con esa historia.

Quería compartir con ustedes este relato que bien ilustra la hipótesis que referí al comienzo: una vivencia traumática de separación como motor de este sufrimiento y un medicamento como Pulsatilla para reparar esa vivencia de abandono.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc