Los Pactos y la Homeopatía

 

Desde que empecé esta escuela me preocupó la relación que establecemos con los pacientes. Me di cuenta que las palabras del Dr. Marcelo Candegabe, quién la llamaba “relación única e irrepetible” eran muy ciertas, porque nunca se sabía cuál era la llave que producía la apertura de aquella sustancia llamada similium a los pacientes que tenían esos síntomas torturantes y esclavizantes.
Recuerdo un caso, ya que soy médico de barrio, de un paciente que me trajeron, que era empleado de una frutería. Este vino con un fuerte dolor tipo cólico, que observé, sólo calmaba al recostarse sobre el lugar dolorido encima de la camilla. Era lo único que sabía de esta persona y había solamente un remedio que cubría el caso: chelidonium. Le di esa sustancia y para mi sorpresa en unos pocos minutos el dolor había calmado. Le sugerí que siguiera tomando dos glóbulos de chelidonium doscientos durante cinco días.
Cuarenta y cinco días más tarde reaparece en el consultorio con blenorragia, enfermedad que ya había padecido y que fue tratada con antibióticos en esa oportunidad.
Le volví a dar chelidonium doscientos, dos glóbulos diariamente durante quince días. Cuatro meses después me enteré que el cuadro por el cual me consultó había mejorado en quince días y que hubo un cambio significativo en su conducta: decidió dejar de trabajar como empleado. Se había planteado volver a su casa de Neuquén, lugar que nunca supo por qué había dejado y estableció un comercio.
A raíz de este caso, comencé a preguntar qué pactos establecemos entre el síntoma y nosotros, y de qué manera una medicación homeopática puede modificar estas estructuras esclavizantes.
Hace no mucho tiempo escuché hablar al director de teatro Luis Agustoni sobre los pactos en el teatro. El decía, “ensayo no es lo mismo que escena como primera diferenciación”, entonces decidí trazar un paralelismo entre la escena en el teatro y la entrevista homeopática.
Agustoni dice que la escena es un lugar y un momento donde se produce la representación en la cual el trabajo sucede. La escena implica un público y un actor, quienes establecen un pacto de entrega a la ficción, donde el público debe permanecer silencioso. Este pacto es el de suspención del sentido de realidad y de crear juntos (público y actor) una ficción e ideales que no existen en la realidad (también hay una creación).
En la escena teatral se produce un pacto que suspende el sentido de realidad con respecto a la identidad de las personas y se acepta que éstas sean otras. En este punto es donde se confunde la identidad de las personas y también de las palabras atribuidas al personaje. Se acepta que la acción no sucede, aún así se la toma como existente y se debe creer lo que se está viendo. El actor sabe que lo que le pasa no es real. El espectador sabe, y acepta que el actor piensa aunque sabe que los diálogos o las palabras son el resultado de lo que el poeta o el autor escribió. Al actor se le exige que piense, que diga, que haga.
Como moneda de cambio, el espectador se tiene que creer esto que decía antes a cambio de la verosimilitud del personaje: sin el espectador que diga creer, no hay teatro. “Eso que se escucha es el sentido - decía Agustoni - modifica más que las palabras reales”. La ficción pasa a ser realidad y ésta pasa a ser diluida. Hay una historia oculta detrás de cada historia, que es salvaje y criminal. Hay un secreto que debe ser revelado. Agustoni dice que las leyes del teatro que se ponían en funcionamiento detrás de cada escena eran las siguientes:
1 - La historia en el teatro es determinada; en el consultorio la historia del paciente y del médico existe.
2 - El espacio en el teatro está determinado; en el consultorio la historia del paciente transcurre en un espacio.
3 - El tiempo en el teatro es un día y una hora prefijada (locura organizada); en la historia de la entrevista homeopática también, aunque pueda ser extenso, tiene un tiempo donde se fija la historia.
4 - Hay un programa en el teatro donde figura el nombre de la obra y quién es quién; en el consultorio también figura quién es el médico, sus antecedentes, dónde trabaja.
5 - Hay un ceremonial durante la ficción donde debe haber un silencio atento, el actor es escuchado aunque pueden haber risas; en la entrevista homeopática una de las reglas fundamentales es dejar hablar al paciente, no interrumpirlo, este silencio es un silencio atento por parte del médico.
6 - En el teatro el cuerpo del actor debe ser inviolable, también en el consultorio médico el cuerpo del paciente lo es.
7 - El espacio de la actuación es inviolable porque el espectador no sube al escenario ni el paciente viola el espacio del médico.
8 - El actor maneja los tiempos y las reglas dentro del escenario, mientras que el médico las maneja dentro del consultorio. Hay que dejar claro que el paciente nos pone en el lugar del supuesto saber, pero en verdad el saber lo tiene el paciente en sus relatos, lo único que tenemos los médicos es una técnica para descubrirlo.
9 - Hay un pacto de cierre. Todos juntos deben volver a la realidad por intermedio de la ceremonia del saludo, la cual permite al actor abandonar su personaje y presentarse. El actor expresa a través de la ceremonia del saludo reconocer que las cosas vuelven a ser como eran y no lo que se supuso que eran, y le permite salir de la ficción.
El actor necesita del aplauso del público para salir de esa ficción y además luego de la función necesita ir a cenar para poder salir, mientras que el paciente necesita de la mano del médico para volver a su realidad (sensaciones, ilusiones).
Agustoni también decía: “Detrás de cada obra hay una historia oculta que es salvaje y criminal”, así comparamos la esclavitud que produce un síntoma sobre nuestros pacientes que los atormenta en forma salvaje y hasta algunas veces criminales.

Creí interesante esta comparación entre estos elementos en que se establecen determinados pactos, pero los pactos también se establecen entre paciente y síntoma o paciente y médico, y otras tantas cuestiones que desarrollaré más adelante.

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc