Artritis Reumatoidea

 

Ante requerimiento de algunos lectores respecto de escribir algunas líneas sobre una patología en especial, como es la Artritis Reumatoidea, así como la describe la clínica médica clásica; voy a comenzar refiriéndome a la enfermedad, pero quiero destacar que no estoy hablando de un enfermo, sino de una mera descripción de la patología como elemento pedagógico para luego meterme en las entrañas del sufrimiento humano.     
La artritis reumatoidea es una enfermedad inflamatoria subaguda o crónica que afecta especialmente las articulaciones periféricas de manera simétrica, tiene un curso prolongado durante años con exacerbaciones y remisiones, y se acompaña con alteraciones como anemia y pérdida de peso.
Son tres veces más frecuente en mujeres que en varones.
El simbolismo de las articulaciones sé emparenta con el de los nudos. Para ampliar este concepto vamos a recurrir al diccionario de los símbolos de Jean Chevallier, quien sita el trabajo entre los BAMBARA. Por un lado las articulaciones permiten la acción, el movimiento; por el otro, se asocian las seis sociedades iniciáticas que jalonan el curso de la vida humana con las seis principales articulaciones de los miembros, en una analogía que da al hombre los medios para realizarse.
Como los nudos y los lazos, las articulaciones simbolizarían las funciones necesarias para el tránsito de la vida y para la acción.
En la observación clínica estos pacientes, para quienes los nudos tenían en común la dureza consigo mismo, no se concedían ningún derecho a hacer los que le gusta y parecían incapaces de pedir lo que necesitan.
Es como si el otro que tuvieran enfrente o al lado tuviera que adivinar lo que necesitan, sino se decepcionan y se llenan de ira y rencor, e inclusive abrigan ciertos sentimientos de venganza.
Parecen pacientes muy dóciles pero en realidad no lo son, y tienen un sentido crítico interno muy fuerte.
Todo esto produce la deformación de la articulación que le impide esa conexión clara y nítida con el otro.
La difícil comprensión de estos casos hace que uno tenga que recurrir, a especialistas en psicosomática, de una vasta experiencia, como es el Profesor Sami Ali, en París, que distingue y explica que detrás de este tipo de enfermedades, lo que el paciente experimenta es una situación de atolladero o sea sin salida, producida por un hecho traumático en donde no existe en el aparato psíquico un verdadero registro simbólico y el cuerpo es el que opera como registro dejando sus impresiones.
Para entender esto voy a citar al profesor Didier Grandgeorge en un caso de mayo de 1996, que nos dice:
Cuando en la familia hay duelo de hijos el sufrimiento es el más terrible y a menudo también oculto. Este es el caso de Hura Brasiliensis, un latex brasileño. En donde los síntomas físicos del sufrimiento se expresan a la altura de los miembros, como en este caso de artritis reumatoidea en la que además, la sangre de los enfermos tiene la propiedad de coagular el látex.
Las personas que sufren a la manera de Hura Brasiliensis, aman con un amor elástico que devuelve al ser amado con mucha más fuerza de la que este había utilizado para alejarse.
El drama llega cuando el elástico se rompe. La muerte de un hijo se vive como la ruptura de un amor fusional, y el sufrimiento se traduce a través de todas las fibras elásticas del cuerpo, como son las articulaciones.
Este ejemplo del Dr. Grandgeorge se traduce en homeopatía a través de la herencia miasmática, y solo los síntomas pueden producir claridad de este caso de tan difícil comprensión.
Otro claro ejemplo es de mi clínica diaria, una pacientita de veintidós años, que me es derivada por un colega clínico con el diagnóstico de artritis reumatoidea.
Sandra comenta en la entrevista que padece de esta enfermedad desde hace varios años y cuando le pido que describa cómo es su persona me refiere a una persona triste, que sufre por las desavenencias de sus padres, y entre los miedos más rescatables refiere un temor a las serpientes, avispas y arañas. Pero lo interesante de esta historia es cuando en el relato cuenta que tuvo su menarca a los 15 años. Mientras escuchaba esto, personalmente sentí que ese era el síntoma llave, y le pregunté, ¿por qué tan tarde la menstruación? Comenzaron a caer lágrimas de sus ojos y la paciente reconoció un hecho muy triste en su infancia en donde había sufrido un abuso sexual.
La evolución de esta paciente luego de 6 meses del tratamiento fue excelente y actualmente no registra luego de 2 años secuela de dicha enfermedad.
Es importante que los médicos homeópatas puedan tener esta claridad en la toma de un caso, como la del excelente especialista Francés, que describí al principio o la intuición que tuve en el caso de mi paciente. Es recomendable que vuelvan a las letras de Hahnemann, que tan bien fueron comprendidas por el doctor Marcelo Candegabe en su libro Homeopatía Pura y de esta manera poder acceder a un tratamiento exitoso del caso.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc