El Método Como Metáfora De La Clínica Homeopática
Congreso internacional Buenos Aires 2016

¿Qué significó el descubrimiento del Método de la Medicina Homeopática, hace más de 200 años? Hahnemann marcó un cambio de 180 grados en la concepción del mundo médico, una auténtica revolución de la que nadie duda, a esta altura de la evolución de nuestra novel disciplina. Si quedan algunas incertidumbres no son provenientes del propio genio, sino del andamiaje posterior que armaron algunos de sus discípulos, a través de lo que dieron en llamar doctrina.

  Quienes transitaron por la obra del Dr. Hahnemann saben que se refería a la Homeopatía como una medicina de la experiencia, de la observación y de la dynamis, lo que implicó la derogación de creencias e ideas preconcebidas hasta ese momento.

Para comprender cómo se relacionan la experiencia y la dynamis, comenzaré por la etimología: “dynamis” proviene de “yo puedo, yo soy capaz”, viene a significar fuerza. Ya en Grecia, Aristóteles definía la dynamis como el paso de la potencia al acto y a eso lo llamaba energía. En Hahnemann, la dynamis era energía y sobre todo movimiento.

En relación con la experiencia, voy a pedir ayuda a los filósofos, esos seres sensibles que se adelantan en los tiempos y a los cambios que luego suceden. En este caso elegí a Walter Benjamin, que en una fábula que recogí de su trabajo “Experiencia y pobreza”, nos dice:

“En nuestros libros de cuentos está la fábula del anciano que en su lecho de muerte hace saber a sus hijos que en su viña hay un tesoro escondido. Sólo tienen que cavar. Cavaron, pero ni rastro del tesoro. Sin embargo cuando llega el otoño, la viña aporta como ninguna otra en toda la región. Entonces se dan cuenta de que el padre les legó una experiencia: la bendición no está en el oro, sino en la laboriosidad.” Es a través de este relato, que Benjamin nos introduce en la experiencia como un proceso que conlleva al resultado.

Pensemos que en los comienzos, en Hahnemann también funcionó la experiencia en la transmisión de conocimientos. Al hablar varios idiomas desde muy pequeño, se le facilitó el acceso a la experiencia de autores que lo antecedieron.

* Hipócrates (Grecia, 460 AC) afirmó que “mediante los iguales se produce la enfermedad y mediante la aplicación de los iguales se cura”, antecedente importante de la ley de curación.

* Paracelso (1493-1591) el alquimista suizo, de quien tomó la idea de “similia similibus curantur”, cuya contribución más destacada es los poderes curativos de los minerales reducidos a sus propiedades quintaesenciales. Todos estos temas fueron cruciales en el descubrimiento Hahnemaniano.

Siguiendo el camino de seres sensibles, me dejé seducir no solo por Benjamin, sino por Giorgio Agamben y sus escritos. Estos me han conducido a despejar una dimensión insospechada de la experiencia, que la vincula con un tener y un padecer, comprensibles únicamente de manera singular e irrepetible desde las prácticas en las que permanecemos siempre inmersos, en tanto sujetos sociales. A falta de nombre, puede llamarse a esta dimensión, la “dimensión activa o productiva de la experiencia”. Se entiende por acción, un “poder mover” que está siempre abierto al cambio, y por producción, cualquier actividad o práctica que se deja “afectar” permitiendo que lo nuevo irrumpa como “punto de fuga” hacia el “despliegue” o “florecimiento” de todas sus potencialidades.

Es en este sentido que El Dr. Hahnemann hablaba de la experiencia como un despliegue hacia lo nuevo, aquello que nos convoca de manera suave y permanente, a producir un cambio en ese lugar del sufrimiento.

En un contexto distinto, pero cuestionando también el mismo punto de vista de la experiencia moderna, reducida a conocimiento y método, Hans Georg Gadamer, siguiendo la senda descubierta por Heidegger, ha elaborado una hermenéutica como interpretación de la experiencia que se da o acontece en el medio “histórico efectual” del lenguaje. Esta experiencia es para él esencialmente apertura al “ser que puede ser comprendido”, es decir, al lenguaje. Pero que la experiencia esté abierta de esta manera, quiere decir que el acontecimiento que ella es, no puede resumirse en una sola dirección, como pretenden la filosofía moderna y la filosofía del lenguaje. Para estos autores la experiencia es esencialmente movimiento.

Cuando leía el pensamiento de estos filósofos modernos, estaba en todo momento en mi memoria, el monumental trabajo del maestro Hahnemann, que en esencia tomaba al movimiento como parte de su terapéutica. La genialidad de llevar a la nada una sustancia (destruirla), atravesó lo que jamás la ciencia pudo imaginar de una sustancia; que al llegar a ese lugar de vacío, la nada misma, produjera semejante movimiento. En ese desarrollo, a partir del andar y desandar en su preparación, generó un estado similar al anquilosado en el sufrimiento del paciente. Debido a esa fuerza energética, se puede poner en marcha, por medio del movimiento, la energía de la curación.

Retomando a Gadamer, vemos que él concibe el movimiento de la experiencia en correspondencia con el del pensar y se desenvuelve según el modelo del círculo hermenéutico, en el que toda comprensión se da siempre sobre el trasfondo de comprensiones previas, y apunta a una comprensión diferente.

Creo que lo interesante del aporte de estos autores desde el giro lingüístico que ofrecen, es la luz que generan hacia un nuevo modelo de prácticas y acciones productivas, generadoras de voces diferentes.

¿Por qué al principio de este trabajo mencioné el tema de la doctrina, como ajeno al Dr. Hahnemann? Simplemente porque es la doctrina la que no me permite escuchar las voces diferentes de las que hablan los filósofos, prediciendo entonces fijación y anquilosamiento de la evolución del método homeopático.

Ustedes se preguntarán entonces, de dónde surge la mención de la doctrina en la Medicina Homeopática. ¿De dónde surgen las cátedras de doctrina en las diferentes escuelas de Homeopatía de todo el mundo? ¿Será tal vez algún traduttore traditore? ¿O quizás las erróneas interpretaciones de sus discípulos más fieles? En honor a la verdad, no lo sé, pero les pido que me acompañen en esta línea de investigación.

El tema se fue aclarando para mí cuando fui a buscar al diccionario el significado de la palabra doctrina, y este nos dice que “es el conjunto de enseñanzas que se basa en un sistema de creencias. Se trata de los principios existentes sobre una materia determinada, por lo general con pretensión de validez universal. La noción de doctrina está vinculada al cuerpo de un dogma y a los principios legislativos. La enseñanza de doctrinas y dogmas se conoce como adoctrinamiento. Término utilizado en sentido negativo para hacer referencia a la reeducación de personas en un contexto donde no hay un espacio a la pluralidad de opiniones, o a la libre búsqueda de conocimientos.”

Vuelvo a decir. Quienes transitaron por la obra del Dr. Hahnemann saben que se refería a la Homeopatía como una medicina de la experiencia, del movimiento y de la observación. ¿Alguno de nosotros podría imaginarse a un Hahnemann dogmático?

Su filosofía de trabajo coincidió con su modelo de vida, y nunca habló de doctrina, ni siquiera la desarrolló, pero sí lo hizo con el método homeopático, ya que la palabra método, que deriva del griego, significa el camino a seguir para realizar una cosa o procedimiento. La palabra método proviene de dos palabras griegas: meta que significa más allá y hodos, camino. Entonces, método es el camino seguro para llegar más allá

Mientras leía minuciosamente la excelente traducción del Dr Gustavo Pirra, del Organon de Hahnemann, del alemán al español, observé que en ningún parágrafo del mismo el maestro habla o se refiere a la doctrina. Y es lógico que no se haya referido a ella, ya que no condice la doctrina, con la vida y la obra del maestro.

El maestro tenía claro que a la esclavitud que produce la enfermedad y los síntomas en el enfermo, solo se la puede combatir con más libertad y más libertad.

Propongo entonces, retomar el método de la clínica como un llamado a transitar el camino cuyo único horizonte es la libertad. Pensemos que el saber y la técnica funcionan como perdido en el arte de curar, y es la clínica que los recupera para su práctica. En cambio la doctrina transforma a un sujeto en objeto.

El camino del método hoy, permite el reconocimiento de los nuevos modelos y nuevos aportes como el del Dr. Jan Scholten, con la revolucionaria inclusión de la tabla periódica de elementos, que en lo particular, me permitió un nuevo abordaje del paciente y excelentes resultados; como así también el modelo del Dr. San Karan, que para mi gusto, enriqueció a la Homeopatía con buenos aires de la India, incorporando el mundo de las sensaciones y su nueva clasificación miasmática. Inculcó que todas ellas estaban en el discurso del paciente y hasta en sus gestos, y que era fundamental la escucha atenta del médico para poder descubrirlas. Aportó una mirada hacia los diferentes reinos, mineral, vegetal y animal, y enseñó a ubicarlos en el lenguaje del paciente.

Hay otro sistema desarrollado por una homeópata israelí Michal Yakir como además es botánica logró desarrollar un sistema de plantas ubicado en columnas, que se basa sobre todo en el desarrollo psicológico, y se ve la relación con la evolución del ser humano. Se ve en la primera columna por ejemplo el desarrollo desde la infancia hasta la vejez, y en las filas horizontales va desde la cuestión femenina, mas sensible, a la parte más rígida, masculina a la derecha. En este esquema ella coloca a las plantas en un determinado punto. Las plantas más primitivas serían como niños pequeños. Mientras las otras más complejas se encontrarían en el otro extremo, en la vejez, en la experiencia. Este modelo propuesto por esta autora es muy útil también.

Mi propuesta es sumar al método homeopático, tal como lo legó Hahnemann, con las patogenesias, la ley de semejanzas, el remedio único y la dosis mínima, todo lo nuevo. Esto permitirá lograr una mayor libertad evolutiva de nuestra disciplina, ya que la experiencia trae implícita, como vimos, la energía del movimiento. A partir de esta energía, se desprende la creatividad individual que agita nuevos aportes a nuestra querida Medicina Homeopática y por ende, conlleva el dejar de lado el anquilosamiento que produce la doctrina y poner en marcha el método como camino.

“No estoy seguro que yo exista, en realidad. Soy todos los autores que he leído, toda la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado. Todas las ciudades que he visitado, todos mis antepasados…”

Jorge Luis Borges, 26 de septiembre de 1981

Dr. Sergio Rozenholc

E-mail: doctorsergiorozenholc@gmail.com