Doctor,  ¿me dio el Similimun?

 

Esta es una pregunta que muy a menudo nos hacen los pacientes y que hoy deseo responder compartiendo con ustedes una historia clínica.
Hace cuatro meses estuve en España impartiendo un curso,  luego del cual se me pidió que atendiera a unos pacientes.  En esta pequeña historia,  la consultante María es una joven mujer,  muy desenvuelta, de 16 años de edad,  soltera.  Hija de padres divorciados, en la actualidad vive con la madre.
El motivo de consulta eran unas jaquecas que padecía hace muchos años,  junto con dolores menstruales.  Entre otras cosas tenía una falta de desarrollo de la mama izquierda.  Era una niña muy sufrida ya que había sido violada por su tío y a partir de ese momento desarrolló sonambulismo que mantenía hasta la actualidad. Es muy factible que el sonambulismo y la detención en el crecimiento de la mama estén relacionados con este hecho traumático.
Otra de las dificultades que padecía era la imposibilidad de conciliar el sueño, y esto lo padecía también desde hacía muchos años.
Entre los miedos destacables era el de la oscuridad,  el que predominantemente la aterraba desde la más tierna infancia; había otros,  pero este era el más marcado y que la había acompañado toda su vida hasta la actualidad.  Ante la pregunta por sus deseos alimenticios principales,  la paciente decía que le ponía mucha sal a las comidas y le gustaba condimentar con bastante vinagre  las ensaladas,  aunque no siempre.
En cuanto a sus antecedentes traumáticos había sufrido la fractura del brazo izquierdo y no había tenido intervenciones quirúrgicos.
Se la veía activa y con energía suficiente para emprender cualquier tipo de tareas.
Era la menor de cuatro hermanos; una hermana y un hermano vivían con su padre. La otra hermana padecía de adicción a estupefacientes y vivía con alguien que ella decía que la había raptado,  episodio que  les producía mucho dolor a ella y a la madre.  Este es el motivo por el cual la madre comienza con una psicoterapia.
Cuando la madre relata el padecimiento de su hija,  el psicoterapeuta le sugiere que aproveche que yo voy a estar dictando un curso y que vea si la puedo atender. Una de la cosas que le preocupaba acerca de María era que tomaba Ibuprofeno 600 con mucha frecuencia  para aliviar sus dolores menstruales y jaquecas.
En la consulta,  le pido a María que se describa.  Me dice que se consideraba una mujer muy ordenada y que este tema era importante para ella en todos los aspectos de la vida, a ella le gustaba que en todo lugar por donde ella circulaba hubiera un cierto orden y me confesaba que en algunos momentos hasta era muy exagerada en este tema.
La aparente seguridad que manifestaba María en todos sus actos y que transmitía con su mirada era un distractor importante que,  de haberle dado un lugar rector,  me habría conducido a un lugar equivocado.
Pero no me dejé caer en la trampa  y  decidí tomar la historia dándole una comprensión al sufrimiento de esta mujer. Para ello me remití a tomar los síntomas históricos y jerárquicos que la acompañaron durante muchos años, los cuales eran:

  1. El miedo a la oscuridad
  2. Sonambulismo
  3. Dolor punzante en las sienes
  4. Concienzudo
  5. Falta de desarrollo de su mama izquierda

De esta repertorización surge un remedio que es Silicea,  que fue recetado a la 9CH en glóbulos.
En el mes de abril, vía mail y de acuerdo con una muy buena evolución,  recibe Silicea 12 CH en glóbulos otra vez, pero a distinta dinamización.
Este caso fue ejemplificador para mí ya que elegí el camino de relevamiento estricto de los  síntomas y no el del conocimiento previo que uno tiene de los remedios. Para aclarar esta idea quiero explicarles que, en el caso de Silicea ese saber previo incluía “la inseguridad” como núcleo fundamental de padecimiento.
Cuatro meses más tarde vuelvo a ver a María y me dice que no tiene ya sus dolores menstruales,  las cefaleas solo se presentaron los primeros quince días de tratamiento y ahora ya no las tiene. Un síntoma que para mí fue una verdadera revelación y que se modificó sustancialmente es que la mama izquierda creció más de 3 cm. También me refiere que ahora puede dormir de noche y dejó de ser sonámbula. Pero conjuntamente con esto, María relata que empeoró la relación con su madre y esto dio lugar a un viejo anhelo que es seguir sus estudios en EEUU. Cuenta que dejó a su novio porque entendió que no era una relación de amor y a partir de todo lo que le estaba sucediendo,  se siente verdaderamente mejor.

Creo que  para comprender de qué hablamos los médicos homeópatas cuando queremos explicar qué es el  similimun  ha sido de gran utilidad el  mostrar esta historia y poder observar, tanto a nivel físico como mental,  los cambios que el remedio adecuado produce. Es este un privilegio por lo que vale la pena seguir difundiendo nuestra medicina homeopática.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc